¿Estás Parad@?

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Hace pocos meses, tras terminar la relación laboral con mi anterior trabajo e iniciando el nuevo proyecto empresarial que me ocupa, me encontré en una situación que me hizo pensar y me ha hecho pensar a lo largo de este tiempo: alguien de mi familia comentaba que yo “estaba en paro”. Esta frase resonó en mis oídos durante un buen rato y, curiosamente, después de digerir por primera vez esas palabras, me precipité a comentar que en absoluto estaba en paro, ya que, por una parte,  al ser autónoma desde hace años no percibía ayuda alguna estatal y, por otra parte, si de algún modo se definía mi estado en ese momento (casi como si de una red social se tratara) era justamente el opuesto: estaba en movimiento. Quizás nunca me había detenido a pensar sobre las connotaciones que conlleva sentirse parado y al escuchar que alguien me rotulaba de ese modo, una voz rebelde en mi interior resaltó la gran contradicción existente en esa formulación. Desde entonces, casi sin darme cuenta, cuando alguien me dice: “estoy parado”/ “estoy parada”, disparo mi pregunta: “¿de verdad te sientes parado/a?…¿de verdad estás sin hacer nada?” y siempre me llegan respuestas con el mismo contenido: “no, estoy haciendo un montón de cosas…estoy dando forma a ideas para trabajar…estoy reciclándome en cursos…estoy haciendo balance de lo que quiero o no…”. Porque, a veces, el lenguaje es perverso y nos lleva a percibir una realidad irreal. Y dando un giro más de tuerca, cualquier cambio social, político, ideológico,…en definitiva, cualquier cambio histórico ha ido acompañado de la palabra movimiento. Esto me lleva a sospechar si no resulta más sencillo encorsetar en la rigidez de la definición a un número amplio de parados/as, porque si pensamos que tenemos un país con varios millones de personas en movimiento (algo literal en esos casos en que la decisión pasa por traspasar las fronteras en busca de una oportunidad) quizás la alarma sería otra y habría más prisa en cambiar las cosas. Pero mientras unos y otros se enteran, una vez más, apuesto por las iniciativas personales, la potenciación de las capacidades y la firme convicción de que podemos construir analizando las circunstancias propias y pensando en soluciones ajustadas que nos hagan avanzar.

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Pensar como punto de partida…

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En un momento de exhibicionismo comunicativo, donde la información, los intereses personales, el mundo percibido, los pensamientos más íntimos,…se transmiten en el momento cero de su gestación, sin la consecuente y, a veces, tristemente obsoleta capacidad de reflexión, nos llegó la noticia del adiós discreto de José Luis Sampedro. Lejos de las despedidas multitudinarias, su último deseo fue cerrar esta aventura en coherencia con su vida: haciendo sólo el ruido necesario que nos hacía y nos hace pensar. Porque fue el pensamiento libre su gran defensa como motor de cambio y progreso humanizado (en su más profundo significado). Las palabras de su compañera de viaje, Olga Lucas, destacaban de él, desde la serenidad que acogía el cariño por los años compartidos,  su autenticidad. Y nos lanzaba una propuesta: pasar de la admiración a la acción. Porque el mejor tributo a ese hombre íntegro, probablemente,  sea pensar, reflexionar, actuar, aprender a levantarnos y seguir adelante. Desde aquí recogemos el testigo para continuar…