Y algunos talentos se quedaron…

Pertenezco a una generación que salía al extranjero a aprender idiomas, a conocer culturas diferentes, a mejorar su curriculum haciendo cursos aquí y allá…una generación que, desde la mirada actual, casi parecería perteneciente a la ficción.  Frente a esa realidad pasada, tengo la sensación de que se anima más y más a que nuestros talentos salgan fuera…simplemente, porque, como en otros tiempos no muy lejanos, han de buscar una oportunidad.  Hace unos años, la cinta protagonizada por Alfredo Landa, ¡Por fin solos!, despertaba esa risa cómplice al encontrar esos hijos apegados a la vida cómoda en casa de sus padres…Y la comedia se convirtió en drama, tiempo después, para muchas familias que no han encontrado otros modos de vivir. Para un gran número de personas, buscar trabajo en el extranjero no es una elección, sino la única opción viable y es un tema sobre el que muchos han alertado. Sin embargo, la gran fuga no se detiene ahí: al fin y al cabo, todos/as aquellos/as que exploran, desde una cierta obligación vital, “nuevos mundos”, están acumulando una gran experiencia…la gran pérdida se produce cuando nos encontramos (y es bien fácil) personas con una excelente preparación que están desempeñando puestos de “supervivencia”. Resultado: falta de motivación, anulación de la autoestima y olvido de objetivos personales. En ese árido paisanaje, también encontramos quien ha sabido dar un giro a su vida y aprovechar la situación actual para dar forma a lo que en otros momentos habría sido “descabellado”.  Chapeau  por quienes se atrevieron (y pudieron) a darse la oportunidad de inventarse una vida diferente! Chapeau por quienes se siguen reinventandoImagen

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“Por fin puse fin a la situación de mobbing…¡ahora tengo estrés postraumático!”

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Y es que cuando nos adentramos en los tentáculos del acoso laboral, su influencia no acaba al dejar ese trabajo que había pasado a ser generador de fuertes tensiones emocionales…una vez que la situación ha pasado a ser historia, sorprendentemente, sigue creciendo, en muchos casos, en el día a día cotidiano de la persona que ha sufrido este tipo de presión psicológica. La inseguridad, los pensamientos de incapacidad frente a cualquier actividad por simple que sea, la repetición mental de determinadas escenas que provocaron un shock, la ansiedad al pensar en el inicio de un nuevo trabajo, los bloqueos,…todo ello viene a conformar un cuadro frecuente de estrés postraumático, unido a los sentimientos de culpa por no superar una situación que se aleja cada vez más y más en el tiempo, a pesar de ser sentida como si formara parte del presente más inmediato.

Se hace necesario avanzar y dejar lo vivido atrás, evidentemente, pero para ello el primer paso es reconocer todas las consecuencias que se derivan del propio mobbing y recolocar la parte de responsabilidad personal, diferenciando esa responsabilidad de lo que ha sido gratuito para provocar malestar…Reestructurar racionalmente, sí, pero no sólo eso, pues no es suficiente:  son muchos los automatismos emocionales que se han ido tejiendo durante el tiempo de duración del acoso. Por tanto, es fundamental poder expresar esas emociones que suelen ser de lo más variadas, pasando por la tristeza, la frustración, la ira, el dolor, la rabia,…dejar salir esas emociones, sin retroalimentarlas, supone permitirse ir interviniendo, desde el reconocimiento de los propios sentimientos, a una construcción más positiva que conduzca a una reconciliación con un@ mism@ y con la nueva etapa que se inicia. Nueva etapa en la que es importante partir del respeto, desde el inicio, que uno se debe a sí mismo y, por tanto, evitar esos atropellos, sutiles al principio, desde la defensa de los propios derechos personales. Y para ello, es necesario alimentar, alimentar y alimentar esa autoestima que tan flaquita había quedado…y mejor aún, si se cuenta con apoyo de personas queridas y profesionales.