Cuando las altas capacidades se transmutan en baja capacidad

ALTAS CAPACIDADES

La percepción y expectativas que los demás tengan de lo que podemos lograr y, por supuesto, la proyección que tengamos de nosotr@s mism@s va a influir directamente en nuestro modo de comportarnos y en los objetivos que podamos llegar a conseguir. En los años sesenta, un equipo de investigadores dirigidos por Rosenthal-Jacobson realizaron un experimento en EEUU en el que, tras pasar unas pruebas de inteligencia a los alumnos, los profesores “etiquetaban” a los que habían conseguido mejores/peores resultados y un año más tarde esos mismos alumnos llegaron a cumplir las expectativas de su “etiquetado”, a pesar de haber sido aleatorio por parte de los investigadores. Esto ocurría en el ámbito educativo, influyendo el tipo de mensajes verbales y no-verbales de los profesores a cada alumno, una mayor cantidad de información a los que pertenecían al grupo “bueno”, la oportunidad de respuesta que favorecía profundizar más en la materia y la retroalimentación positiva. Desde estos elementos, la conducta y el rendimiento se iban modificando, ajustándose a lo que se esperaba de ellos. A este resultado le llamaron el efecto Pigmalión.

Según este experimento, sería un camino fácil para aquell@s alumn@s que fueran detectados como “portadores” de altas capacidades y, sin embargo, en la práctica nos encontramos que no siempre es así. ¿Qué otros elementos entran, entonces, en juego?

– Por una parte, est@s alumn@s, en muchos casos, van tomando conciencia de su diferencia e intentan a toda costa ocultarla para ser aceptados por el grupo…destacar demasiado en algún tipo de habilidad no siempre es bien acogido y ser tachad@ de “sabelotodo” por ir más rápido que el resto del grupo genera una tensión que conduce a interiorizar altos niveles de frustración;

– Por otra parte, las inquietudes y temas de interés suelen distar años luz de los de sus iguales, por lo que renunciar a ellos resulta en muchas ocasiones más amable que soportar un constante “¡qué rar@ eres!” Como resultado, en estos casos, en vez de potenciar las capacidades, se opta por un reduccionismo que implica numerosos problemas psicológicos y una baja autoestima, a pesar de los pesares;

– Además, la facilidad para realizar un buen número de tareas con poco esfuerzo puede llegar a condicionar la constancia frente a las actividades y, especialmente, la baja tolerancia al error por considerarlo como un fracaso, en vez de como parte del proceso de aprendizaje, influyendo en la formación de un autoconcepto negativo.

Podríamos pensar que estos “ajustes” sólo se dan en la adolescencia y, de nuevo, estaríamos viendo la punta del iceberg, ya que son muchas las personas en edad adulta que toman conciencia de lo que habían arrastrado a lo largo de su vida y lejos de ayudarles, se había convertido en un lastre para su valoración personal.

Por tanto, conocerse y respetarse supone la base para potenciar aquello que se puede convertir en una herramienta a nuestro favor y el de nuestro entorno. Y conocer y respetar a los demás supone la base para poder potenciar aquello que, en muchas ocasiones, puede ser un antes y un después en la vida del otro.

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