¿Cómo nombras tus miedos?

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Hay miedos pequeños y grandes, aunque todos están escritos con MAYÚSCULA para la persona que los vive…Algunos tienen nombre propio y nos llevan a grabar a fuego su cartel, de modo que podemos tener agorafobia o claustrofobia o aracnofobia:  en la medida en que los definimos, le damos el carácter estático de lo que no puede cambiar porque ¡es una fobia!…También nos encontramos con miedos más o menos compartidos, así podemos, incluso, reconocer frente a los demás que tenemos miedo a hablar en público o a viajar en avión o a los accidentes…Los hay también indefinidos y entonces nos encontramos con el miedo al miedo, a lo desconocido, al futuro…A veces, esos miedos llevan tanto tiempo pegados a nuestra piel que ni siquiera nos planteamos que pudiera ser diferente esto de vivir…Y, aparte de las variadas respuestas de ansiedad, si algo tienen en común todos los miedos es en dejar la sensación de ligereza cuando se van…en recuperar un espacio olvidado –bloqueado- de bienestar que permite afrontar otros retos…Todo ello, simplemente, dando el paso de actuar frente a ellos

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¿Dramatizas tus miedos?

“Si yo sé que es una tontería”…cuántas veces esa frase protagoniza el intento estéril de comprender los miedos…”sé que es una tontería,…pero me paraliza, me bloquea, no soy capaz de afrontarlo,…” continuaría contando nuestro cerebro, terminando por dramatizar internamente lo que está sintiendo.

Cuando hablamos de miedos (fobias o temores), es frecuente que la persona que los padece sienta una gran frustración, ya que racionalmente entiende que aquello que le genera esa tensión incapacitante no es realmente peligroso e incluso puede comprobar cómo otros se enfrentan con total normalidad. Esta falta de justificación racional, lejos de eliminar el temor, llega a incrementarlo por sentir una incontrolabilidad frente a la situación, disparándose todo tipo de respuestas fisiológicas de somatización…desde sudoración hasta taquicardias o temblores, pasando por un amplio abanico de posibilidades de ansiedad. Además, cuando aparece un miedo frente a algo concreto (o inconcreto), se abre una compuerta de inseguridad que prepara el terreno para que puedan surgir más y más temores, hilándose así finas cadenas que van limitando la actividad diaria y la percepción de tranquilidad.

La evitación se convierte, de este modo, en una vía fácil para seguir sobrellevando el día a día (con las connotaciones negativas que acompañan a ese “sobrellevar” algo) y hacer frente a aquello que provoca el miedo se transmuta en un laberinto de sensaciones incómodas y descontroladas de malestar.

En este orden (desorden) de cosas, se trata de reajustar las asociaciones creadas para construir espacios de seguridad en uno mismo, perdiéndole siempre el respeto a la temida ansiedad y nada mejor que saber cómo autoregular nuestro cuerpo.

¿Qué te parece si todo esto te lo contamos en nuestro próximo taller Des-Dramatizando tus miedos?web CARTEL A3 Taller Potenciarte Teatro Febrero (1).png?