De la depresión a la des-presión…

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¿Qué hacer cuando los pensamientos que aparecen de modo espontáneo tienen una fuerte carga negativa?, ¿cómo actuar cuando esos pensamientos nos impiden analizar las situaciones en las que nos encontramos, y a nosotros mismos, de un modo beneficioso y sólo nos surge la descalificación y la inseguridad? Y cuando faltan las fuerzas para iniciar cualquier mínima actividad, ¿cómo ponernos en marcha?, ¿cómo asumir la frustración por no sentirnos capaces y no poder hacer aquello que se espera o esperamos de nosotros? Si ya se ha perdido el interés por todo o casi todo, ¿cómo volver a tener iniciativa? Incluso, ¿cómo recuperar las ganas de vivir?

Cada una de estas cuestiones nos indicaría una afectación del estado de ánimo,  pudiendo llegar a desembocar en niveles más o menos profundos de depresión.  Vamos a permitirnos ser irrespetuosos con esta palabra: d-e-p-r-e-s-i-ó-n que tanto temor produce y empezaremos por quitar el cartel de “estoy enfermo/a”, ya que en la medida en que consideramos ese estado en el que nos encontramos como una enfermedad, estamos encasillándonos y asumiendo nuestra incapacidad para intervenir sobre él. Por tanto, iniciaremos la marcha para limitar ese malestar, más o menos intenso, que sentimos en esos momentos de bajón. Y, para ello, nos centraremos en pautas que nos van a conducir a encontrarnos bien, pasando de la depresión a la despresión.

Si continuamente tiendes a revisar cómo te encuentras o lo que te afecta de tu entorno y te hace sentir mal,  esas revisiones sólo te van a conducir a analizar una y otra vez las circunstancias,  pero te quedas en el estancamiento al mirar continuamente lo que va mal. Reconocer el problema es un primer paso, pero lo importante es resolverlo y poner los medios para ello. Si te quedas sólo en el análisis repetitivo, estás limitando tu realidad. Así que piensa en soluciones que te lleven a abrir nuevas vías por explorar. Para ello, te propongo una nueva imagen: en ocasiones, hemos escuchado la expresión que cuenta que cada persona es un universo para hacer alusión a los múltiples matices que cada uno/a tiene. Piénsate como tal: como un pequeño universo. Cuando estás dándole vueltas y vueltas a un mismo tema,  estás condensando toda tu energía y la tendencia, frente a esa fuerte densidad,   va ser que se produzca una explosión que coincidiría con los momentos en que te sientes muy mal. Pero, puestos que no somos esos universos físicos que han de seguir sus propias leyes,  en vez de llegar a esa explosión descontrolada,  podemos abrir canales que permitan la expansión…esa expansión son nuevas rutas, nuevos caminos que te pueden abrir otras puertas al pensar en clave de solución de problemas.

De este modo, te puedes empezar a dar otras salidas sobre las que, al estar dándole vueltas y vueltas a lo negativo, antes no te habías planteado. Y para facilitar la acción, utiliza frases como “voy a ser capaz de…”, “puedo hacerlo”, “voy a intentarlo”,  ya que,  de ese modo, te abres opciones de respuesta para intervenir sobre aquello que te sucede poniéndote un objetivo al que vas a llegar. Utiliza siempre pensamientos de capacidad para afrontar las situaciones y pon los medios necesarios para que te sientas con seguridad frente a tu vida,  empezando por la valoración que haces de ti. Si piensas que vas a ser capaz, será el primer paso para conseguirlo. Por el contrario, si te transmites continuamente el mensaje de que no vas a poder, te estás limitando y te estás provocando inseguridad. Por tanto, elimina pensamientos del tipo: “no voy a ser capaz de…”, “me voy a sentir mal”, “no puedo”, “soy incapaz de…”…pues sólo te están generando ansiedad anticipatoria y te llevan a que te quedes estancado/a en ese estado,  sintiendo que no puedes hacer nada por cambiarlo ni por avanzar. Recuerda: piensa en clave de solución de problemas,  dándote salidas…utilizando frases como “voy a ser capaz de…”, ya que,  de ese modo, te abres puertas para actuar sobre aquello que te sucede, poniendo los medios que sean necesarios para propiciar ese cambio. Estamos en un primer paso para despresionarnos…

A propósito de los días de playa y los pensamientos negativos…

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Vamos a empezar por aclarar que es un pensamiento positivo y, para ello, partiremos de la negación, analizando que no es un pensamiento positivo:

  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento irreal: de hecho, al pensar positivamente vamos a evitar hacer castillos en el aire. Para intervenir sobre lo que nos sucede, vamos a partir del conocimiento de nuestras circunstancias y capacidades para, a partir de ahí, buscar soluciones ante aquello que nos bloquea;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento superficial: si sólo nos quedamos en hacer afirmaciones generales, la falta de identificación con lo que nos ocurre nos llevará a boicotear esos pensamientos y a desecharlos;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento acrítico: vamos a hacer de las críticas nuestras aliadas para facilitar los cambios, pero para ello vamos a utilizar críticas constructivas que nos lleven a pensar nuestra realidad y qué elementos concretos podemos modificar para que el resultado sea otro;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento simplista: al enfocar de modo positivo nuestras vivencias, vamos a abrir un abanico amplio de posibilidades de respuesta que de otro modo quedarían blindadas.

Podríamos seguir ampliando la lista sobre lo que no es un pensamiento positivo, sin embargo, con estas bases ya podemos hacernos una idea de que los pensamientos positivos

  • se han de ajustar a nuestra realidad,
  • desde los aspectos concretos que en ella se dan,
  • y, a partir de una visión constructiva,
  • nos van a permitir poner en marcha líneas de acción diferentes que nos van a conducir a tener otro tipo de respuesta que nos haga sentir bien.

A veces, estamos tan acostumbrados a pensar de modo negativo que casi aparecen esos pensamientos de modo automático y no nos damos cuenta de la cantidad de verbalizaciones utilizamos que nos restan impulso. En este sentido, sólo somos conscientes de lo mal que nos encontramos, pero no sabemos por qué. Para explicar lo que ocurre en esas ocasiones, podríamos utilizar como imagen una escena que probablemente todos hemos vivido: la vuelta a casa después de un día de playa. Al entrar, vemos que hay algunos granos de arena que habían quedado pegados a la suela de los zapatos y que están ensuciando el suelo, pero es al quitarnos éstos cuando apreciamos toda la arena que había dentro. Con los pensamientos negativos ocurriría lo mismo: cuando nos encontramos mal es porque estamos formulando cadenas más o menos pobladas de esos pensamientos que nos dañan, a pesar de que, en muchas ocasiones, no somos conscientes de la fuerza o las consecuencias que pueden tener sobre nuestro estado de ánimo. De modo que, si nos sentimos mal, vamos a empezar por limpiar esos planteamientos que nos están afectando.

¿Te animas a disfrutar del trayecto sin todo aquello que te impide estar bien?