A propósito de los días de playa y los pensamientos negativos…

zapatos-arena

Vamos a empezar por aclarar que es un pensamiento positivo y, para ello, partiremos de la negación, analizando que no es un pensamiento positivo:

  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento irreal: de hecho, al pensar positivamente vamos a evitar hacer castillos en el aire. Para intervenir sobre lo que nos sucede, vamos a partir del conocimiento de nuestras circunstancias y capacidades para, a partir de ahí, buscar soluciones ante aquello que nos bloquea;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento superficial: si sólo nos quedamos en hacer afirmaciones generales, la falta de identificación con lo que nos ocurre nos llevará a boicotear esos pensamientos y a desecharlos;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento acrítico: vamos a hacer de las críticas nuestras aliadas para facilitar los cambios, pero para ello vamos a utilizar críticas constructivas que nos lleven a pensar nuestra realidad y qué elementos concretos podemos modificar para que el resultado sea otro;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento simplista: al enfocar de modo positivo nuestras vivencias, vamos a abrir un abanico amplio de posibilidades de respuesta que de otro modo quedarían blindadas.

Podríamos seguir ampliando la lista sobre lo que no es un pensamiento positivo, sin embargo, con estas bases ya podemos hacernos una idea de que los pensamientos positivos

  • se han de ajustar a nuestra realidad,
  • desde los aspectos concretos que en ella se dan,
  • y, a partir de una visión constructiva,
  • nos van a permitir poner en marcha líneas de acción diferentes que nos van a conducir a tener otro tipo de respuesta que nos haga sentir bien.

A veces, estamos tan acostumbrados a pensar de modo negativo que casi aparecen esos pensamientos de modo automático y no nos damos cuenta de la cantidad de verbalizaciones utilizamos que nos restan impulso. En este sentido, sólo somos conscientes de lo mal que nos encontramos, pero no sabemos por qué. Para explicar lo que ocurre en esas ocasiones, podríamos utilizar como imagen una escena que probablemente todos hemos vivido: la vuelta a casa después de un día de playa. Al entrar, vemos que hay algunos granos de arena que habían quedado pegados a la suela de los zapatos y que están ensuciando el suelo, pero es al quitarnos éstos cuando apreciamos toda la arena que había dentro. Con los pensamientos negativos ocurriría lo mismo: cuando nos encontramos mal es porque estamos formulando cadenas más o menos pobladas de esos pensamientos que nos dañan, a pesar de que, en muchas ocasiones, no somos conscientes de la fuerza o las consecuencias que pueden tener sobre nuestro estado de ánimo. De modo que, si nos sentimos mal, vamos a empezar por limpiar esos planteamientos que nos están afectando.

¿Te animas a disfrutar del trayecto sin todo aquello que te impide estar bien?

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