También esto pasará…

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A veces, me cuento la historia que tú me contaste un día, sentada en mi cama, para consolarme de la muerte de mi padre: Érase una vez que en un lugar muy lejano, tal vez China, había un emperador poderosísimo y listo y compasivo, que un día reunió a todos los sabios del reino, a los filósofos, a los matemáticos, a los poetas, y les dijo: «Quiero un frase corta, que sirva en todas las circunstancias posibles, siempre.» Los sabios se retiraron y pasaron meses y meses pensando. Finalmente, regresaron y le dijeron al emperador. «Ya tenemos la frase, es la siguiente: “También esto pasará” ». Y añadiste: “El dolor y la pena pasan, como pasan la euforia y la felicidad”.

                                                        Fragmento de la novela También esto pasará, de Milena Busquets.

De la depresión a la des-presión…

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¿Qué hacer cuando los pensamientos que aparecen de modo espontáneo tienen una fuerte carga negativa?, ¿cómo actuar cuando esos pensamientos nos impiden analizar las situaciones en las que nos encontramos, y a nosotros mismos, de un modo beneficioso y sólo nos surge la descalificación y la inseguridad? Y cuando faltan las fuerzas para iniciar cualquier mínima actividad, ¿cómo ponernos en marcha?, ¿cómo asumir la frustración por no sentirnos capaces y no poder hacer aquello que se espera o esperamos de nosotros? Si ya se ha perdido el interés por todo o casi todo, ¿cómo volver a tener iniciativa? Incluso, ¿cómo recuperar las ganas de vivir?

Cada una de estas cuestiones nos indicaría una afectación del estado de ánimo,  pudiendo llegar a desembocar en niveles más o menos profundos de depresión.  Vamos a permitirnos ser irrespetuosos con esta palabra: d-e-p-r-e-s-i-ó-n que tanto temor produce y empezaremos por quitar el cartel de “estoy enfermo/a”, ya que en la medida en que consideramos ese estado en el que nos encontramos como una enfermedad, estamos encasillándonos y asumiendo nuestra incapacidad para intervenir sobre él. Por tanto, iniciaremos la marcha para limitar ese malestar, más o menos intenso, que sentimos en esos momentos de bajón. Y, para ello, nos centraremos en pautas que nos van a conducir a encontrarnos bien, pasando de la depresión a la despresión.

Si continuamente tiendes a revisar cómo te encuentras o lo que te afecta de tu entorno y te hace sentir mal,  esas revisiones sólo te van a conducir a analizar una y otra vez las circunstancias,  pero te quedas en el estancamiento al mirar continuamente lo que va mal. Reconocer el problema es un primer paso, pero lo importante es resolverlo y poner los medios para ello. Si te quedas sólo en el análisis repetitivo, estás limitando tu realidad. Así que piensa en soluciones que te lleven a abrir nuevas vías por explorar. Para ello, te propongo una nueva imagen: en ocasiones, hemos escuchado la expresión que cuenta que cada persona es un universo para hacer alusión a los múltiples matices que cada uno/a tiene. Piénsate como tal: como un pequeño universo. Cuando estás dándole vueltas y vueltas a un mismo tema,  estás condensando toda tu energía y la tendencia, frente a esa fuerte densidad,   va ser que se produzca una explosión que coincidiría con los momentos en que te sientes muy mal. Pero, puestos que no somos esos universos físicos que han de seguir sus propias leyes,  en vez de llegar a esa explosión descontrolada,  podemos abrir canales que permitan la expansión…esa expansión son nuevas rutas, nuevos caminos que te pueden abrir otras puertas al pensar en clave de solución de problemas.

De este modo, te puedes empezar a dar otras salidas sobre las que, al estar dándole vueltas y vueltas a lo negativo, antes no te habías planteado. Y para facilitar la acción, utiliza frases como “voy a ser capaz de…”, “puedo hacerlo”, “voy a intentarlo”,  ya que,  de ese modo, te abres opciones de respuesta para intervenir sobre aquello que te sucede poniéndote un objetivo al que vas a llegar. Utiliza siempre pensamientos de capacidad para afrontar las situaciones y pon los medios necesarios para que te sientas con seguridad frente a tu vida,  empezando por la valoración que haces de ti. Si piensas que vas a ser capaz, será el primer paso para conseguirlo. Por el contrario, si te transmites continuamente el mensaje de que no vas a poder, te estás limitando y te estás provocando inseguridad. Por tanto, elimina pensamientos del tipo: “no voy a ser capaz de…”, “me voy a sentir mal”, “no puedo”, “soy incapaz de…”…pues sólo te están generando ansiedad anticipatoria y te llevan a que te quedes estancado/a en ese estado,  sintiendo que no puedes hacer nada por cambiarlo ni por avanzar. Recuerda: piensa en clave de solución de problemas,  dándote salidas…utilizando frases como “voy a ser capaz de…”, ya que,  de ese modo, te abres puertas para actuar sobre aquello que te sucede, poniendo los medios que sean necesarios para propiciar ese cambio. Estamos en un primer paso para despresionarnos…

A propósito de los días de playa y los pensamientos negativos…

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Vamos a empezar por aclarar que es un pensamiento positivo y, para ello, partiremos de la negación, analizando que no es un pensamiento positivo:

  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento irreal: de hecho, al pensar positivamente vamos a evitar hacer castillos en el aire. Para intervenir sobre lo que nos sucede, vamos a partir del conocimiento de nuestras circunstancias y capacidades para, a partir de ahí, buscar soluciones ante aquello que nos bloquea;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento superficial: si sólo nos quedamos en hacer afirmaciones generales, la falta de identificación con lo que nos ocurre nos llevará a boicotear esos pensamientos y a desecharlos;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento acrítico: vamos a hacer de las críticas nuestras aliadas para facilitar los cambios, pero para ello vamos a utilizar críticas constructivas que nos lleven a pensar nuestra realidad y qué elementos concretos podemos modificar para que el resultado sea otro;
  • Un pensamiento positivo no es un pensamiento simplista: al enfocar de modo positivo nuestras vivencias, vamos a abrir un abanico amplio de posibilidades de respuesta que de otro modo quedarían blindadas.

Podríamos seguir ampliando la lista sobre lo que no es un pensamiento positivo, sin embargo, con estas bases ya podemos hacernos una idea de que los pensamientos positivos

  • se han de ajustar a nuestra realidad,
  • desde los aspectos concretos que en ella se dan,
  • y, a partir de una visión constructiva,
  • nos van a permitir poner en marcha líneas de acción diferentes que nos van a conducir a tener otro tipo de respuesta que nos haga sentir bien.

A veces, estamos tan acostumbrados a pensar de modo negativo que casi aparecen esos pensamientos de modo automático y no nos damos cuenta de la cantidad de verbalizaciones utilizamos que nos restan impulso. En este sentido, sólo somos conscientes de lo mal que nos encontramos, pero no sabemos por qué. Para explicar lo que ocurre en esas ocasiones, podríamos utilizar como imagen una escena que probablemente todos hemos vivido: la vuelta a casa después de un día de playa. Al entrar, vemos que hay algunos granos de arena que habían quedado pegados a la suela de los zapatos y que están ensuciando el suelo, pero es al quitarnos éstos cuando apreciamos toda la arena que había dentro. Con los pensamientos negativos ocurriría lo mismo: cuando nos encontramos mal es porque estamos formulando cadenas más o menos pobladas de esos pensamientos que nos dañan, a pesar de que, en muchas ocasiones, no somos conscientes de la fuerza o las consecuencias que pueden tener sobre nuestro estado de ánimo. De modo que, si nos sentimos mal, vamos a empezar por limpiar esos planteamientos que nos están afectando.

¿Te animas a disfrutar del trayecto sin todo aquello que te impide estar bien?

¿Miedo?¿Cuál es tu discurso interno?

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¿Cómo nos habla el miedo? ¿Cómo es ese mecanismo que minuciosamente se va entretejiendo y nos imposibilita la acción ante determinadas circunstancias?   Porque quienes sufren miedo a algo estarán de acuerdo en que el miedo nos habla…y, además, utilizando un discurso interno perverso en el que se anula cualquier vía de “escapatoria” o solución posible basándose en mensajes como “no voy a ser capaz de enfrentarme”, “jamás voy a superar esto”, “es algo que me supera”, “me va a dar el ataque de ansiedad”…Y es que cuando hablamos de miedos, la invitada de honor es la ansiedad que se asocia a la situación concreta, percibiéndose como algo indisoluble, como si una no pudiera darse sin la otra, a pesar de comprobar cómo no es así para los demás. Una comprobación externa frente a los otros que, lejos de animar a que “es posible” afrontar el objeto del temor, se convierte en una comparación-zancadilla generadora de una desventaja aún mayor, ya que mina la autoestima para hacer frente a lo que para otras personas puede ser cotidiano.

Pero es que a este cuadro se añade la aún más perversa descripción del miedo a través del uso de la falsa analogía, sirviéndose para ello del “como si”…de modo que, al exteriorizar aquello que pasa internamente, las palabras utilizadas sobredimensionan aquello que está sucediendo o ha sucedido para llevar (¿ayudar?)  a la comprensión de quien nos escucha: es como si me muriera…es como si tuviera una bola en la garganta que me impidiera respirar…es como si mi cuerpo estuviera completamente acolchado (o rígido como el hierro)…es como si estuviera fuera de mí…es como si el corazón se me parara…Un como si que trata de clarificar la sensación como si el interlocutor hubiera vivenciado alguna vez alguna de esas comparaciones planteadas…Cuando lo único que sí queda es rastro en la persona que las verbaliza, interiorizando una percepción aún más terrorífica de lo que le sucede al partir de una exageración-no-intencionada de aquello que se toma como referencia.

Por tanto, ¿cómo podemos empezar a desmontar esos miedos? ¿cómo podemos cambiar esos mecanismos que alimentan los temores? Justamente, la primera base (a pesar de que serán necesarias otras varias, ya que los miedos utilizan entresijos que generan una huella mental y se dan determinados automatismos de ansiedad asociados a las situaciones concretas -o no tan concretas-) es cambiar los mensajes internos… Empezar a modificar ese discurso de amplificación del miedo va a ir llevando a establecer otras formas de afrontamiento, aunque, de entrada, se siga evitando aún la situación y, simplemente, se esté planteando la posibilidad de otro tipo de repuesta que sea diferente a la ansiedad.

Algunas claves pueden poner esos cimientos de seguridad en ti mismo son:

  • Centrarte en el momento presente, sacando de escena las anticipaciones negativas y dándote la posibilidad de intervenir con respuestas adaptativas a la situación;
  • Frenar las comparaciones con los demás o con etapas anteriores: desde la comparación nos ponemos en posición de inferioridad, por lo que podemos utilizar la experiencia de otros a nuestro favor si lo enfocamos como aprendizaje de lo que puede resultarnos útil;
  • Perderle el respeto a la ansiedad, sabiendo que es incómoda, desagradable, molesta, y un largo etcétera que podríamos añadir, pero siendo bien consciente de que se puede controlar y cuanto menos atención le des, antes estarás consiguiendo que desaparezca…ayudando a ese control, por supuesto, el entrenamiento en relajación, la respiración abdominal, la práctica de ejercicio físico moderado, mantener una dieta adecuada, la eliminación de sustancias excitantes, entre otras cuestiones;
  • Relativizar la situación en vez de magnificarla, de esta manera te vas a ver fuerte y no indefenso;
  • Pensar cómo se actuaría si ese miedo no estuviese anclado en tu vida, de cara a plantear otras formas de actuación y visualizarte dando otro tipo de respuesta;
  • Valorar cada pequeño paso para hacer que sea el preámbulo de nuevos avances;
  • Darte siempre, siempre capacidad para cambiar lo que te está afectando, abriendo nuevas oportunidades de intervención.

Y recuerda que el modo de hablarnos condiciona nuestra percepción de la situación, de tal manera que, como contaba Henry Ford, tanto si piensas que puedes como que no puedes, estás en lo cierto.

¿Cómo afrontas tus cambios?

CAMBIOS

Y seguimos dando empuje a la autoestima reflexionando sobre cómo afrontar procesos de cambio tras una ruptura sentimental, pérdida del trabajo,…porque en función de nuestro discurso interno, nuestra respuesta frente a las nuevas etapas serán de un modo u otro…Te dejamos con la entrevista en Salud a toda costa de 101Tv Málaga…Mientras una pregunta para pensar: ¿qué has aprendido de tu último “fracaso”?

Cómo desmontar el síndrome postvacacional…

101TVLlega el tiempo de descanso para much@s y también, a veces, un período de inquietud sobre cómo será esa vuelta al trabajo…especialmente cuando ya se ha pasado anteriormente por la experiencia de una indadecuada adaptación a esas rutinas que conocemos como síndrome postvacional…Te contamos algunas claves para su prevención en Salud a toda costa de 101Tv Málaga.

Elogio del llanto

lagrimasCada vez me inquieta más ver tanta expresión “feliz” de cartón-piedra…me inquietan esas fotos con risas calculadas a las que hemos acordado llamar selfies (no recuerdo dónde leí en una ocasión que la sinceridad de una sonrisa se correspondía con el tiempo que tardaba en cambiar de expresión)…me inquieta que las emociones se confundan con un emoticono porque no, una emoción no es una carita tras un toque en pantalla táctil…Y me inquieta, sobre todo, porque me encuentro siendo testigo de una vuelta de espaldas a quien tiene problemas y sufre, como si expresar lo que se siente -de verdad, sin el refugio fácil de un símbolo carente de significado-  supusiera atraer todo tipo de malas energías que casi se contagian a quien las escucha…Me alarma que estemos dejando de reconocer cómo nos sentimos…con sus matices positivos y negativos porque es también a través del conocimiento del amplio abanico de las emociones como podemos avanzar y aprender…

 ¿Cuántas veces hemos escuchado aquello de “no llores”, “si lloras, vas a parecer una niña pequeña” (y, ojo, que siempre se suele decir una “niñA”), “déjate de tanto lloriquear y quejarte”…? El llanto se extirpa de raíz en nuestras vidas, sin atender los beneficios que conlleva esa expresión física de lo que sentimos. Si bien la risa tiene efectos muy positivos sobre el organismo y sobre el estado de ánimo, nada más contraproducente que forzarla: desde el llanto se puede llegar a una emoción positiva siguiendo una secuencia natural, sin embargo, impedirnos llorar e imponer una expresión alegre va a generar un nivel de malestar y estrés aún mayor, al no darse una identificación con la emoción. El llanto se nos presenta como algo negativo, cuando se trata de un modo natural de ajuste de emociones, un desahogo frente a la ansiedad acumulada y el nerviosismo, una expresión de la tristeza, y, además, a nivel químico con las lágrimas eliminamos parte de esos neurotransmisores que mantienen el estado de tensión y se secretan opiáceos endógenos que van a aliviar la tristeza.

Por tanto, nos sentiremos mejor si evitamos evitar esas emociones consideradas negativas y las colocamos como parte de un continuo donde podemos construir nuestros estados emocionales sin forzarlos…Así que si tienes ganas de reír, ríe y si tienes ganas de llorar, llora…suelta lastres y, a partir de ahí, piensa en lo que te puede hacer que te sientas bien. Mientras te dejo con esta bella Llorona