Ladrones del tiempo con guante blanco

Imagen

Si supiéramos que alguien entra cada mañana en nuestra casa y nos roba poco a poco (o mucho a mucho) parte de nuestras pertenencias más apreciadas, probablemente, pondríamos todas la medidas de seguridad a nuestro alcance. Sin embargo, nuestro día a día se ha convertido en un campo abierto para los ladrones del tiempo: mails, avisos de móvil, redes sociales, interrupciones siempre dotadas de un carácter de urgencia, mensajes instantáneos,…En un tiempo récord, hemos pasado de estar centrados en una tarea a la exigencia de la multitarea como si la concentración fuese la misma…porque, por supuesto, cada vez está más en boga la importancia de tener (hacer) trabajadores rápidos, que se adapten a los cambios y vayan por delante…Y todo eso está muy bien, pero no olvidemos que nuestro cerebro -tal cual lo hemos educado y sin poner en duda que su plasticidad permitirá que sea completamente diferente en las generaciones digitales- necesita tiempo para concentrarse en las tareas importantes y enfrentarse cada jornada a los numerosos distractores, no hace más que bajar el rendimiento y provocar un mayor agotamiento, falta de motivación, ansiedad y pérdida de confianza en las gestiones realizadas, entre otras consecuencias.
Poner tope a este tipo de dinámicas en las que se ha entrado tan fácilmente, a veces, supone llevar a cabo sencillos cambios o retomar hábitos que nos servían antes: planificar las tareas destacando las urgentes e importantes, las importantes y las secundarias, dejar el móvil en silencio y contestar a las llamadas hayamos terminado con aquello que es prioritario, comprobar el correo electrónico en momentos concretos del día, respetar los tiempos de descanso, determinar cuándo, cómo y qué uso hacemos de las redes sociales,…son simples modificaciones que nos pueden conducir a mejorar nuestra productividad y satisfacción. Hacer un trabajo rápido, sí, no ha de ser equivalente a hacer un trabajo superficial.
A este respecto, y casi parece inocente su percepción un siglo atrás, Mahler hacía alusión a una reflexión de Schopenhauer en El mundo como voluntad de poder: “¡Cuántos pensamientos geniales se han destruido por el chasquido de un látigo!”…y ¿qué hubiese sido del mundo sin su Quinta Sinfonía?

Anuncios

Aquí y ahora…

Imagen

El espejo del Matrimonio Arnolfini siempre me cautivó…quizás por la magia del reflejo casi fotográfico, tal vez por los detalles infinitos que recorren la superficie de ese reflejo, posiblemente por el preciosismo miniaturista de cada uno de esos detalles…o es probable que la mirada quede atrapada en la frase escrita sobre él afirmando que Jan Van Eyck estuvo aquí

Un aquí y ahora que ha perdurado siglos y cuyos trazos perfectamente delineados nos hablan de una presencia plena en el momento de la ejecución del lienzo, además de tratarse de un testimonio del acto matrimonial de la pareja. Y es que vivir el momento presente plenamente y en su continuidad, poco a poco y sin darnos mucha cuenta, se ha convertido en una proeza. Nuestro aquí y ahora se ha transformado en un vertiginoso instante inmediato que al segundo siguiente ya ha perdido su interés. Vamos leyendo de puntillas titulares que nos cuentan noticias y nos convencemos de que de ese modo estamos informados. Hemos sustituido nuestro estar por un compartir en redes, mientras atendemos lo que contamos en 140 caracteres. Y es que no sería lo mismo si el pintor hubiese contado: como testigo de un #matrimonio1434 @janvaneyck .  Probablemente, minutos más tarde habría pasado a formar parte de la historia anónima, salvo que a algún seguidor despistado le hubiese llamado la atención su comentario y poco más.

Evidentemente, son muchas las ventajas que arroja la tecnología, pero siempre y cuando la utilicemos a nuestro favor. Para ello, volver a centrar la atención en aquello que se lleva a cabo en cada momento, nos ayudaría a profundizar para pensar en soluciones, concentrar nuestro potencial en aportar nuevos criterios, curiosear caminos diferentes y generar movimientos que nos lleven a avanzar.

Mientras te dejo con unas palabras de Wislawa Szymborska, quien en su libro Aquí, reflexionaba:

A las obras de Proust

No les añaden en la librería un mando a distancia,

No podemos cambiar

A un partido de fútbol

O a un concurso donde ganar un Volvo.

Vivimos más,

Pero menos precisos

Y con frases cortas.

Viajamos más rápidos, más a menudo, más lejos,

Aunque, en lugar de recuerdos, volvemos con fotos.

Aquí yo con un tío,

Aquel creo que es mi ex.

Aquí todos en pelotas,

Así que seguramente es una playa.

Siete tomos: piedad.

¿No se podría resumir, abreviar,

O mejor mostrar en imágenes todo eso?

Una vez pasaron una serie que se titulaba La muñeca,

Pero mi cuñada dice que era de otro que también empezaba por P.

Además, seamos sinceros, quién es ése.

Al parecer escribió en la cama un montón de años.

Página tras página,

A una velocidad limitada.

Y nosotros con la quinta puesta

y-toquemos madera- saludables.

 

Poema de Wislawa Szymborska, Aquí, Bartleby Ed., 2009.