También esto pasará…

hojas-al-viento                                                                                                       

A veces, me cuento la historia que tú me contaste un día, sentada en mi cama, para consolarme de la muerte de mi padre: Érase una vez que en un lugar muy lejano, tal vez China, había un emperador poderosísimo y listo y compasivo, que un día reunió a todos los sabios del reino, a los filósofos, a los matemáticos, a los poetas, y les dijo: «Quiero un frase corta, que sirva en todas las circunstancias posibles, siempre.» Los sabios se retiraron y pasaron meses y meses pensando. Finalmente, regresaron y le dijeron al emperador. «Ya tenemos la frase, es la siguiente: “También esto pasará” ». Y añadiste: “El dolor y la pena pasan, como pasan la euforia y la felicidad”.

                                                        Fragmento de la novela También esto pasará, de Milena Busquets.

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¿Miedo?¿Cuál es tu discurso interno?

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¿Cómo nos habla el miedo? ¿Cómo es ese mecanismo que minuciosamente se va entretejiendo y nos imposibilita la acción ante determinadas circunstancias?   Porque quienes sufren miedo a algo estarán de acuerdo en que el miedo nos habla…y, además, utilizando un discurso interno perverso en el que se anula cualquier vía de “escapatoria” o solución posible basándose en mensajes como “no voy a ser capaz de enfrentarme”, “jamás voy a superar esto”, “es algo que me supera”, “me va a dar el ataque de ansiedad”…Y es que cuando hablamos de miedos, la invitada de honor es la ansiedad que se asocia a la situación concreta, percibiéndose como algo indisoluble, como si una no pudiera darse sin la otra, a pesar de comprobar cómo no es así para los demás. Una comprobación externa frente a los otros que, lejos de animar a que “es posible” afrontar el objeto del temor, se convierte en una comparación-zancadilla generadora de una desventaja aún mayor, ya que mina la autoestima para hacer frente a lo que para otras personas puede ser cotidiano.

Pero es que a este cuadro se añade la aún más perversa descripción del miedo a través del uso de la falsa analogía, sirviéndose para ello del “como si”…de modo que, al exteriorizar aquello que pasa internamente, las palabras utilizadas sobredimensionan aquello que está sucediendo o ha sucedido para llevar (¿ayudar?)  a la comprensión de quien nos escucha: es como si me muriera…es como si tuviera una bola en la garganta que me impidiera respirar…es como si mi cuerpo estuviera completamente acolchado (o rígido como el hierro)…es como si estuviera fuera de mí…es como si el corazón se me parara…Un como si que trata de clarificar la sensación como si el interlocutor hubiera vivenciado alguna vez alguna de esas comparaciones planteadas…Cuando lo único que sí queda es rastro en la persona que las verbaliza, interiorizando una percepción aún más terrorífica de lo que le sucede al partir de una exageración-no-intencionada de aquello que se toma como referencia.

Por tanto, ¿cómo podemos empezar a desmontar esos miedos? ¿cómo podemos cambiar esos mecanismos que alimentan los temores? Justamente, la primera base (a pesar de que serán necesarias otras varias, ya que los miedos utilizan entresijos que generan una huella mental y se dan determinados automatismos de ansiedad asociados a las situaciones concretas -o no tan concretas-) es cambiar los mensajes internos… Empezar a modificar ese discurso de amplificación del miedo va a ir llevando a establecer otras formas de afrontamiento, aunque, de entrada, se siga evitando aún la situación y, simplemente, se esté planteando la posibilidad de otro tipo de repuesta que sea diferente a la ansiedad.

Algunas claves pueden poner esos cimientos de seguridad en ti mismo son:

  • Centrarte en el momento presente, sacando de escena las anticipaciones negativas y dándote la posibilidad de intervenir con respuestas adaptativas a la situación;
  • Frenar las comparaciones con los demás o con etapas anteriores: desde la comparación nos ponemos en posición de inferioridad, por lo que podemos utilizar la experiencia de otros a nuestro favor si lo enfocamos como aprendizaje de lo que puede resultarnos útil;
  • Perderle el respeto a la ansiedad, sabiendo que es incómoda, desagradable, molesta, y un largo etcétera que podríamos añadir, pero siendo bien consciente de que se puede controlar y cuanto menos atención le des, antes estarás consiguiendo que desaparezca…ayudando a ese control, por supuesto, el entrenamiento en relajación, la respiración abdominal, la práctica de ejercicio físico moderado, mantener una dieta adecuada, la eliminación de sustancias excitantes, entre otras cuestiones;
  • Relativizar la situación en vez de magnificarla, de esta manera te vas a ver fuerte y no indefenso;
  • Pensar cómo se actuaría si ese miedo no estuviese anclado en tu vida, de cara a plantear otras formas de actuación y visualizarte dando otro tipo de respuesta;
  • Valorar cada pequeño paso para hacer que sea el preámbulo de nuevos avances;
  • Darte siempre, siempre capacidad para cambiar lo que te está afectando, abriendo nuevas oportunidades de intervención.

Y recuerda que el modo de hablarnos condiciona nuestra percepción de la situación, de tal manera que, como contaba Henry Ford, tanto si piensas que puedes como que no puedes, estás en lo cierto.

Cómo desmontar el síndrome postvacacional…

101TVLlega el tiempo de descanso para much@s y también, a veces, un período de inquietud sobre cómo será esa vuelta al trabajo…especialmente cuando ya se ha pasado anteriormente por la experiencia de una indadecuada adaptación a esas rutinas que conocemos como síndrome postvacional…Te contamos algunas claves para su prevención en Salud a toda costa de 101Tv Málaga.

Elogio del llanto

lagrimasCada vez me inquieta más ver tanta expresión “feliz” de cartón-piedra…me inquietan esas fotos con risas calculadas a las que hemos acordado llamar selfies (no recuerdo dónde leí en una ocasión que la sinceridad de una sonrisa se correspondía con el tiempo que tardaba en cambiar de expresión)…me inquieta que las emociones se confundan con un emoticono porque no, una emoción no es una carita tras un toque en pantalla táctil…Y me inquieta, sobre todo, porque me encuentro siendo testigo de una vuelta de espaldas a quien tiene problemas y sufre, como si expresar lo que se siente -de verdad, sin el refugio fácil de un símbolo carente de significado-  supusiera atraer todo tipo de malas energías que casi se contagian a quien las escucha…Me alarma que estemos dejando de reconocer cómo nos sentimos…con sus matices positivos y negativos porque es también a través del conocimiento del amplio abanico de las emociones como podemos avanzar y aprender…

 ¿Cuántas veces hemos escuchado aquello de “no llores”, “si lloras, vas a parecer una niña pequeña” (y, ojo, que siempre se suele decir una “niñA”), “déjate de tanto lloriquear y quejarte”…? El llanto se extirpa de raíz en nuestras vidas, sin atender los beneficios que conlleva esa expresión física de lo que sentimos. Si bien la risa tiene efectos muy positivos sobre el organismo y sobre el estado de ánimo, nada más contraproducente que forzarla: desde el llanto se puede llegar a una emoción positiva siguiendo una secuencia natural, sin embargo, impedirnos llorar e imponer una expresión alegre va a generar un nivel de malestar y estrés aún mayor, al no darse una identificación con la emoción. El llanto se nos presenta como algo negativo, cuando se trata de un modo natural de ajuste de emociones, un desahogo frente a la ansiedad acumulada y el nerviosismo, una expresión de la tristeza, y, además, a nivel químico con las lágrimas eliminamos parte de esos neurotransmisores que mantienen el estado de tensión y se secretan opiáceos endógenos que van a aliviar la tristeza.

Por tanto, nos sentiremos mejor si evitamos evitar esas emociones consideradas negativas y las colocamos como parte de un continuo donde podemos construir nuestros estados emocionales sin forzarlos…Así que si tienes ganas de reír, ríe y si tienes ganas de llorar, llora…suelta lastres y, a partir de ahí, piensa en lo que te puede hacer que te sientas bien. Mientras te dejo con esta bella Llorona

A veces la vida se nos cae…

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A veces la vida se nos cae…sin más, se hace añicos… Tratar de recomponer los trozos rotos, sólo nos lleva a anclarnos en ese pasado que, por alguna razón, nos ha traído a la situación actual…Entrar en la eterna espiral de análisis para averiguar en qué momento se produjo la primera fisura, esa a la que no le prestamos atención y que fue el principio del caos, tan sólo a veces puede servir para conocer dónde se dio el primer error  (al que siguieron tantos otros) y tomar otro camino o repetir el mismo…pero, sobre todo, puede convertirse en un arma letal para dejarnos ahí estancad@s… mirando y revisando, revisando y mirando sin salir de ese bucle…

Si la vida se te ha caído,  piensa qué nueva combinación puedes hacer en el presente…cambia las piezas de lugar, juega a mirar desde otra perspectiva, toma distancia y abre un nuevo camino en el que seas protagonista, dándote el valor que mereces…mira atrás únicamente para aprender de aquello que no quieres en tus días… y si la vida se te cae de las manos, piensa que quizás sea mejor y necesario así para empezar a poner nuevos cimientos porque los antiguos ya no valen…

Depresión, ese voraz campo gravitatorio

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Como si de un agujero negro se tratara del que se hace imposible salir, cuando se padece una depresión, los pensamientos negativos se alían para formar una barrera de dolor. “No puedo más”, “nunca voy a estar bien”, “no encuentro salida”,  “no espero que me pase nada bueno en la vida”, “estoy en un pozo del que no puedo salir por más que lo intento”,…estos son algunos de los discursos internos que poco a poco nos puede ir adentrando en un estado de depresión. Sin embargo, desafiando todas esas fuerzas de la gravedad (gravedad en un sentido pleno:  tanto por la importancia del malestar generado como por la capacidad de atracción hacia un sentimiento de tristeza y apatía intenso unido a una cadena cada vez más y más larga de pensamientos negativos),  darnos la posibilidad de cambiar esos circuitos cerrados de pensamiento empezando a plantearnos la situación que vivimos en clave de solución,  contarnos que podemos intervenir en nuestra vida para sentirnos bien haciendo que el locus de control sea interno y no externo y, por tanto, fuera de nuestro alcance, confiar en nosotr@s mism@s pensando y reforzando aquello positivo que forma parte de nuestra forma de ser y hacer, valorar cualquier mínimo paso que logremos,…son, entre otras, claves que nos ayudarán a construir nuestro día a día…Si prestamos atención a esas ideaciones negativas, es una constante frecuente la imagen mental de la no-salida, así que ¿por qué no visualizarnos abriendo esa puerta que permanecía cerrada?…Porque todo, absolutamente todo puede cambiar si nos lo proponemos y contamos con la ayuda  para ello…