Cuando los complejos se hacen complejos

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¿En qué momento comienza a formarse la espiral de lo que conocemos como “complejos”? Casi todo el mundo, en algún periodo de su vida, ha podido llegar a sentirse acomplejado por aspectos físicos o de su personalidad y el inicio suele ser tan sutil (y dañino) como una simple comparación. Y es con esas comparaciones como se comienza a alimentar esa percepción negativa de uno mismo, al situar en los otros la atención sobre aquellos aspectos positivos que no encontramos en nosotros, acompañados de una considerable dosis de autocrítica negativa. Además, esa atención es completamente selectiva, focalizándose en esos matices cercanos a la perfección en los demás y dejando de lado el análisis de otros aspectos más humanos que esa misma persona puede tener. Al mismo tiempo, esa atención se vuelve también selectiva con uno mismo y se concentra en aquello que no nos gusta, sin atender a lo que hay de positivo en nuestro físico o personalidad ni en cómo se puede cambiar lo que no nos agrada: sólo crítica y en sobredosis.

De este modo, ya tenemos configurado un complejo. Pero ¿cómo podemos hacer para desmontarlo? Como en otras tantas cosas, en el veneno podemos encontrar la medicina:

–          para empezar, dejando de establecer puentes de comparación entre los demás y nosotros: cada persona tiene un valor por sí misma y se trata de valorar a los otros, así como aprender de ellos, sin establecer esa comparación con nosotros mismos;

–          valorando aquello positivo que tenemos, de modo que vaya ganando más terreno y nos haga potenciar esos aspectos;

–       utilizando crítica constructiva también con nosotros mismos, con el fin de cambiar aquello que podemos mejorar, siempre dándonos las pautas a seguir para facilitar los cambios y reforzando lo que vayamos consiguiendo.

Es importante educar (y educarnos a lo largo de nuestra vida) desde el refuerzo de lo que cada persona tiene de positivo, respetando las diferencias y afianzando la seguridad en un@ mism@.

¿Pueden cambiar las personas “tóxicas”?

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Desde hace algún tiempo, es frecuente escuchar hablar de “personas tóxicas” de las que conviene que nos protejamos, pues pueden ser la causa de múltiples “males” al generar culpa, chantajes emocionales, manipulación,… En estos días, un paciente me llamaba la atención sobre un detalle: él se había sentido identificado con las características negativas que encontraba en los artículos referentes a este tipología, pero no había encontrado información alguna sobre cómo poder dejar de ser “tóxico” y ésto le generaba una gran angustia. Y es que cualquier tipo de” cartel” ya, de entrada, nos estanca e impide cualquier posibilidad de cambio, de modo que si nos definimos o nos definen como “tóxicos”o “negativos”,…será más probable que nos comportemos de esa manera. De hecho, hay estudios que confirman que cuando en un grupo de estudiantes, el profesor o la profesora espera buenos resultados de un alumno, éste cambia su conducta y mejora su rendimiento y también a la inversa. Por tanto, si nos ponemos el cartel de “persona non gratta” , es más fácil que encontremos rechazo y sigamos manteniendo las conductas indeseadas. Es importante tomar conciencia de la parte de responsabilidad que tenemos en los climas relacionales que se generan a nuestro alrededor y, a partir de ahí, pensar sobre lo concreto cómo podemos modificar aquello que puede estar afectando a nuestro trato con los demás y con nosotros mismos, cómo transmitimos nuestros mensajes, cuál es nuestro nivel de empatía, hasta dónde focalizamos nuestra atención en lo negativo de una situación, etc. Pero se trata de centrar nuestra atención en cómo corregirlo utilizando crítica constructiva y pensando en los pasos que nos van a conducir a cambiar lo que nos impide disfrutar de nuestras relaciones, nuestra actividad y nuestra vida…Así, podríamos hablar casi en términos adaptativos y pasaríamos de pensar en “personas tóxicas” para convertirnos en “personas sanas”…Si hablásemos desde el punto de vista de la sostenibilidad, pensaríamos en plantar árboles, en vez de seguir talando…de modo que haz hincapié en lo positivo que hay en ti y reconduce lo negativo para aprender y sentirte mejor contigo mismo… ¿A por ello?

Pasión por emprender, sí…pero……

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A la hora de iniciar un proyecto empresarial, una de las claves va a estar en la pasión que pongas en lo que haces…pero ¡cuidado!: evita enamorarte demasiado porque es importante que tus enfoques y puesta en marcha de los mismos puedan ser adaptados, modificados, mejorados y, a veces, reciclados completamente…Por tanto, casi mejor, pensar ese proceso como una cadena de amantes que te van a aportar (y a los que vas a aportar) lo mejor en cada etapa de tu vida profesional, pero sin apegarte demasiado a ninguno de ellos, de modo que te impida el cambio. Pasión, sí…pero ¡sin enamorarte ciegamente de tus ideas!