Aniversarios a celebrar vs aniversarios a descartar

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Desde que empezamos a tener, eso que llaman, uso de conciencia, acumulamos a lo largo de nuestras vidas fechas y fechas que se amontonan en nuestros calendarios. Cumpleaños, aniversarios, rupturas, pérdidas de seres queridos y, como no, el eterno propósito de hace 1 mes, dos semanas y tres días que dejé de fumar. Hace unos años, en la pequeña isla de Samoa se saltaban todos estos rituales personales para un día concreto y, sin más complicaciones, se saltaban el 30 de diciembre…quizás algo impensable en nuestra mentalidad occidental que todo lo mide y lo computa como si realmente ocurriera algo por nombrar de otro modo el día corriente o como si para tod@s pasara el tiempo por igual.

Sin embargo, lejos de la anécdota, resulta interesante destacar como cada una de esas fechas a las que se asocia una carga emocional, graban una huella en nuestro cerebro que nos hace despertar los mismos estados anímicos que cuando los acontecimientos que rodeaban a ese día formaban parte del presente. En el caso de tratarse de emociones positivas, evidentemente, revivenciarlas a través de la celebración de un aniversario conduce a reforzar ese estado de bienestar que entonces se producía (quizás sea el secreto de las parejas que fielmente rememoran cada fecha especial). Ahora bien, cuando el hecho asociado es doloroso, la atención concedida al día concreto sirve como detonante de un malestar que, a veces, se consideraba superado. Tal vez, si moviéramos las fechas, romperíamos con esa asociación y nos llevaría a vivir con más plenitud el presente: porque nuestra memoria conforma lo que somos, pero estancarnos en el dolor, sólo impide avanzar. Quizás, por tanto, convenga revisar nuestros recuerdos ligados al anuario y, como en Samoa, recortar o cambiar algunos días…porque pasar, no pasa nada…