¿Cómo nombras tus miedos?

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Hay miedos pequeños y grandes, aunque todos están escritos con MAYÚSCULA para la persona que los vive…Algunos tienen nombre propio y nos llevan a grabar a fuego su cartel, de modo que podemos tener agorafobia o claustrofobia o aracnofobia:  en la medida en que los definimos, le damos el carácter estático de lo que no puede cambiar porque ¡es una fobia!…También nos encontramos con miedos más o menos compartidos, así podemos, incluso, reconocer frente a los demás que tenemos miedo a hablar en público o a viajar en avión o a los accidentes…Los hay también indefinidos y entonces nos encontramos con el miedo al miedo, a lo desconocido, al futuro…A veces, esos miedos llevan tanto tiempo pegados a nuestra piel que ni siquiera nos planteamos que pudiera ser diferente esto de vivir…Y, aparte de las variadas respuestas de ansiedad, si algo tienen en común todos los miedos es en dejar la sensación de ligereza cuando se van…en recuperar un espacio olvidado –bloqueado- de bienestar que permite afrontar otros retos…Todo ello, simplemente, dando el paso de actuar frente a ellos

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Cuando los complejos se hacen complejos

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¿En qué momento comienza a formarse la espiral de lo que conocemos como “complejos”? Casi todo el mundo, en algún periodo de su vida, ha podido llegar a sentirse acomplejado por aspectos físicos o de su personalidad y el inicio suele ser tan sutil (y dañino) como una simple comparación. Y es con esas comparaciones como se comienza a alimentar esa percepción negativa de uno mismo, al situar en los otros la atención sobre aquellos aspectos positivos que no encontramos en nosotros, acompañados de una considerable dosis de autocrítica negativa. Además, esa atención es completamente selectiva, focalizándose en esos matices cercanos a la perfección en los demás y dejando de lado el análisis de otros aspectos más humanos que esa misma persona puede tener. Al mismo tiempo, esa atención se vuelve también selectiva con uno mismo y se concentra en aquello que no nos gusta, sin atender a lo que hay de positivo en nuestro físico o personalidad ni en cómo se puede cambiar lo que no nos agrada: sólo crítica y en sobredosis.

De este modo, ya tenemos configurado un complejo. Pero ¿cómo podemos hacer para desmontarlo? Como en otras tantas cosas, en el veneno podemos encontrar la medicina:

–          para empezar, dejando de establecer puentes de comparación entre los demás y nosotros: cada persona tiene un valor por sí misma y se trata de valorar a los otros, así como aprender de ellos, sin establecer esa comparación con nosotros mismos;

–          valorando aquello positivo que tenemos, de modo que vaya ganando más terreno y nos haga potenciar esos aspectos;

–       utilizando crítica constructiva también con nosotros mismos, con el fin de cambiar aquello que podemos mejorar, siempre dándonos las pautas a seguir para facilitar los cambios y reforzando lo que vayamos consiguiendo.

Es importante educar (y educarnos a lo largo de nuestra vida) desde el refuerzo de lo que cada persona tiene de positivo, respetando las diferencias y afianzando la seguridad en un@ mism@.

¿Pueden cambiar las personas “tóxicas”?

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Desde hace algún tiempo, es frecuente escuchar hablar de “personas tóxicas” de las que conviene que nos protejamos, pues pueden ser la causa de múltiples “males” al generar culpa, chantajes emocionales, manipulación,… En estos días, un paciente me llamaba la atención sobre un detalle: él se había sentido identificado con las características negativas que encontraba en los artículos referentes a este tipología, pero no había encontrado información alguna sobre cómo poder dejar de ser “tóxico” y ésto le generaba una gran angustia. Y es que cualquier tipo de” cartel” ya, de entrada, nos estanca e impide cualquier posibilidad de cambio, de modo que si nos definimos o nos definen como “tóxicos”o “negativos”,…será más probable que nos comportemos de esa manera. De hecho, hay estudios que confirman que cuando en un grupo de estudiantes, el profesor o la profesora espera buenos resultados de un alumno, éste cambia su conducta y mejora su rendimiento y también a la inversa. Por tanto, si nos ponemos el cartel de “persona non gratta” , es más fácil que encontremos rechazo y sigamos manteniendo las conductas indeseadas. Es importante tomar conciencia de la parte de responsabilidad que tenemos en los climas relacionales que se generan a nuestro alrededor y, a partir de ahí, pensar sobre lo concreto cómo podemos modificar aquello que puede estar afectando a nuestro trato con los demás y con nosotros mismos, cómo transmitimos nuestros mensajes, cuál es nuestro nivel de empatía, hasta dónde focalizamos nuestra atención en lo negativo de una situación, etc. Pero se trata de centrar nuestra atención en cómo corregirlo utilizando crítica constructiva y pensando en los pasos que nos van a conducir a cambiar lo que nos impide disfrutar de nuestras relaciones, nuestra actividad y nuestra vida…Así, podríamos hablar casi en términos adaptativos y pasaríamos de pensar en “personas tóxicas” para convertirnos en “personas sanas”…Si hablásemos desde el punto de vista de la sostenibilidad, pensaríamos en plantar árboles, en vez de seguir talando…de modo que haz hincapié en lo positivo que hay en ti y reconduce lo negativo para aprender y sentirte mejor contigo mismo… ¿A por ello?

El vuelo V de Otar…aún no es el fin

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Tras la enésima mañana gris, Otar se levantó y miró por la ventana:  la vista que, aún desde las alturas era limitada, había desaparecido. Entonces, este ganso herido tomó la decisión de saltar al vacío…y de pronto aterrizó en algo muy suave y grato. Miro a su alrededor, se alisó las plumas con satisfacción y pensó: ”Aquí me quedaré un rato…”

Precioso relato de Kaatje Vermeire, publicado con exquisitez por Barbara Fiora, que nos habla de los cambios inesperados, la caída, la reinvención, la desesperación  y la confianza al encontrar/apreciar un lugar en el que permanecer…aunque sea un rato…  

¿Volvemos a cruzar al otro lado del espejo?

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Cuántas veces hemos escuchado aquello de la realidad supera la ficción…Como si nos convirtiéramos en personajes de Lewis Carroll y cruzáramos a través del espejo, llueven las situaciones cargadas de absurdo…un absurdo que lejos de tener el pulso intelectual de movimientos artísticos y literarios de otros tiempos, se convierte en un pesado culebrón al más puro estilo de las series de sobremesa. Sin embargo, los protagonistas reales no son los que aparecen en pantalla, sino los personajes anónimos a los que les llegan cada uno de esos guiones que se preparan en otros platós. Frente a este estado de cosas, cada vez son más los que eligen dejar de estar informados, algo igualmente peligroso por dejar de tener una visión crítica del presente (aunque a veces necesario para algunos con el fin de empezar a pensar en otras vías posibles, sin permitir que esa realidad aborte cualquier posibilidad de cambio). Y ¿qué hacemos entonces como personajes sin un papel relevante en este serial que nos toca vivir? De entrada, vamos a dar la vuelta al script porque cada uno somos protagonistas de nuestra propia vida y,  por tanto, podemos construir nuestro día a día priorizando lo que realmente queremos conseguir. Si,  de entrada, ponemos nuestra atención sólo en los obstáculos, impediremos cualquier acción: analizar los impedimentos es importante, pero pensándolos en clave de superarlos. Perfila tu objetivo y focalízate en poner los medios necesarios para lograrlo, estudiando cuáles son los pasos a seguir…siempre gradualmente para asegurarte que la base es sólida. Y, sobre todo, confía en ti y potencia tus capacidades. Si cada uno y cada una hacemos pequeños gestos para impulsar el momento actual y generar bienestar, los directores, realizadores, guionista, etc. necesitarán adaptarse a las nuevas tendencias.

Y al cruzar,  de nuevo, al otro lado del espejo, quizás podemos hacer de la creatividad nuestra mejor aliada.