Tiempos modernos sigue siendo moderno

Siempre es un lujo rencontrarse con  Chaplin y si,  además, podemos tener la ocasión de hacerlo en pantalla grande, cuánto mejor. Hace unos días pude volver a ver la cinta de Tiempos modernos,  tras algunos años. Quizás sea que mis ojos ya no son tan inocentes como las primeras veces en que vi el filme, quedándome en la risa siempre garantizada y siempre entrañable que despierta Charlot, o quizás fuera que encontré unos paralelos sociales, económicos y humanos con nuestra época que en otros momentos pasé por alto al considerar que formaban parte de esa historia que parece (o parecía) tan lejana,  a pesar de ser tan cercana. Las innumerables peripecias del vagabundo Chaplin, en esta ocasión como en tantas otras reflejadas por el cineasta, por salir de una situación social que se impone, impregnan en el protagonista y,  posteriormente, en su acompañante (Paulette Goddard) un fuerte espíritu de superación ante las adversidades.  A pesar de la dureza de fondo (pues sobrevuela a lo largo de toda la película el desgarro del desempleo, del hambre, de la alienación del trabajador y un largo etcétera de problemas socioeconómicos propios de ¿aquella época?), Charles Chaplin descartó un final desesperanzador para ese eterno luchador, tal y como se puede recuperar en algunos DVDs, y optó una vez más por el empuje personal con su “saldremos adelante” y ese eterno “vamos, sonríe”.  Hay tanto por valorar en esta película,  pero,  desde aquí, quisiera destacar la visión constructiva frente a los problemas,  la capacidad de aprender de las situaciones difíciles y, sobre todo, me quedo con su Smile!